Bebé y sol: ¿por qué su piel es más sensible que la de los adultos?
Si quieres proteger la piel de tu bebé no solo es cuestión de exagerar los cuidados, sino de entender que su piel es biológicamente distinta a la de un adulto. Te explicamos las 5 causas más relevantes ya mismo.
Barrera cutánea inmadura
La barrera protectora de la piel es una capa compuesta por lípidos y células estructurales que actúa como un escudo natural para evitar las consecuencias de agresores externos como la radiación solar, la contaminación o las condiciones climatológicas adversas.
En los bebés, el hecho de que aún no está completa provoca que sea más débil y permeable, y por ello, más susceptible al daño solar.
Menor producción de melanina
La melanina es un pigmento que ayuda a la piel a protegerse de los rayos ultravioleta, tanto los UVA como los UVB.
En los más pequeños su producción es muy baja, lo que tiene como consecuencia una piel más expuesta a las quemaduras solares y otros daños fotoinducidos.
Riesgo de daño celular
A todo lo que acabamos de comentar tienes que sumarle que el daño celular del sol es acumulativo a lo largo de la vida de las personas, por ello debes evitar sobreexponer la piel del niño.
Y es que este fotodaño acumulativo incrementa el riesgo de envejecimiento prematuro y enfermedades como el cáncer de piel en la edad adulta.
Sistema inmunológico en desarrollo
Ten en cuenta que la piel es parte del sistema inmune. Dado que este se encuentra en desarrollo en edades tempranas, la piel inmadura reacciona de manera mucho más intensa al sol que la de los adultos, aumentando el riesgo de que sufra inflamaciones, rojeces, lesiones de diferente gravedad y quemaduras.
Mayor vulnerabilidad de las células madre cutáneas
En el estudio sobre Realidades y retos de la fotoprotección en la infancia. Actas Dermo-Sifiliográficas (Gilaberte Y, Carrascosa JM., 2014) sus autores exponen que las células madre de la capa basal del bebé se encuentran más expuestas a la radiación ultravioleta precisamente por la falta de arquitectura y maduración de su piel.
En resumidas cuentas, todo lo que acabamos de ver ¿qué significa? Significa que la piel del bebé no está preparada para enfrentarse al sol como la del adulto y necesita más cuidados, más sombra e hidratación, así como una protección solar específica.
Diferencias clave entre la piel del bebé y la del adulto
Los niños menores de 2 años tienen rasgos anatómicos y funcionales que los hacen más vulnerables a la radiación solar, como puedes constatar en la siguiente tabla comparativa entre la piel del bebé y la del adulto:
| Características | Piel del lactante en comparación con el adulto |
|---|---|
| Grosor de la epidermis y del estrato córneo | Más finos |
| Tamaño de los corneocitos | Más pequeños y menor recambio |
| Proporción de lípidos / proteína | Menor |
| Concentración de melanina | Menor |
| Factor hidratante natural | Menor |
| pH | Más alto (más alcalino) |
| Secreción sebácea | Menor |
| Contenido de agua en el estrato córneo | Mayor |
| Pérdida transdérmica de agua | Mayor |
| Función barrera | No completa |
A tenor de estas características, la piel del bebé es más propensa al daño solar que la adulta, por ello debes aplicar una estrategia preventiva de fotoprotección adaptada a sus necesidades.
¿Cuáles son los riesgos del sol para la piel del bebé?
Dado que los mecanismos de protección de los niños frente al sol no están completamente desarrollados, su pigmentación es menor y su capa córnea es más delgada, su piel es más vulnerable.
Los riesgos de la radiación solar son muy importantes:
- Quemaduras solares
- Sobrecalentamiento e insolación porque, además, su capacidad de regulación de la temperatura corporal es menor que la de un adulto.
- Mayor riesgo de padecer cáncer de piel en el futuro. El 80 % de los casos de cáncer de piel de los adultos podrían llegar a evitarse adoptando hábitos saludables desde la infancia.
- Daños oculares. Como ocurre con la piel, la protección de los ojos en el niño es poca, por lo que el sol puede causar irritación, pero también daños a largo plazo en la vista.
- Aunque estamos hablando de niños, es importante que entiendas que los primeros años son muy importantes en su desarrollo. La exposición solar acumulada puede llegar a provocar pérdida de elasticidad y aparición de arrugas antes de tiempo.
¿Cómo puedes proteger la piel del bebé del sol de manera adecuada?
La mejor manera de proteger la piel de tu pequeño del sol es, ante todo, seguir las recomendaciones de su pediatra, y evitar la exposición solar del bebé directa, en la medida de lo posible.
Aunque debes extremar las precauciones en todos los niños, los bebés con mayor riesgo son los menores de 6 meses, los que cuentan con piel, ojos y cabello muy claros (fototipos I y II), y los que tienen piel atópica o sensible.
Debes tener siempre presente que cada minuto sin protección cuenta, y aquí entra el juego el protector solar.
¿Sabes cómo elegirlo para que proteja de manera eficaz a tu pequeño? Para orientarte, te enumeramos los consejos esenciales de la Asociación Española de Pediatría al respecto:
- Prioriza los protectores solares minerales como el óxido de zinc y dióxido de titanio, frente a los químicos, ya que crean una pantalla y actúan de manera inmediata.
- Busca un factor de protección SPF +50.
- Asegúrate de que el producto elegido proporcione una protección de amplio espectro para radiaciones UVA, UVB e infrarrojas.
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